Panorama del periodo II. Aprende en Casa III Secundaria

Panorama del periodo II. Aprende en Casa III Secundaria

Panorama del periodo II es el tema de Aprende en Casa III, la clase es de Historia de tercero de secundaria
Panorama del periodo II
Panorama del periodo II
Redacción | UNIÓN | 29/01/2021 16:43

En la clase de Historia de tercero de secundaria, se analizará el tema: “Panorama del periodo II”, con el que se ordenará secuencialmente hechos y procesos desde el inicio del movimiento de Independencia hasta el fin del Porfiriato. Localiza los cambios en la organización política del territorio mexicano hasta la República Restaurada.

Continuarás con un recorrido panorámico por varias décadas del siglo XIX mexicano. 

El propósito es: ubicarás temporal y espacialmente del Imperio de Iturbide a la restauración de la república, es decir, los límites temporales de esta sesión comprenden de 1821 a 1876. 

Te sugiero hacer notas para que al final puedas completar el reto planteado desde la sesión anterior: la línea del tiempo. 

Como recordarás México surgió a su vida independiente en septiembre de 1821, tras once largos años de lucha. Los retos que tenían que enfrentar los mexicanos de entonces eran muchos y de distintas magnitudes. Una de las primeras tareas que tuvieron que atender fue la de decidir el tipo de gobierno que adoptaría la recién creada nación. 

Reflexiona al respecto.

¿Cómo se conformó políticamente el país?

¿Sabes si esta entidad siempre ha sido una República?

¿Qué dificultades crees que se tuvieron que sortear en las primeras décadas del México independiente? 

En 1821, México se erigió como un Imperio y, en 1876, la República Restaurada llegó a su término e inició el periodo llamado Porfiriato; sin embargo, a lo largo de cinco décadas existieron varios tipos de gobierno: monarquía, república federal, república centralista, dictadura. La existencia de cada una de estas modalidades estuvo marcada por guerras y enfrentamientos militares que se dieron en diversas latitudes. 

¿Qué hacemos? 

Para clarificar el tema inicia con la lectura del historiador Raúl González Lezama en su obra titulada: Reforma Liberal. Cronología (1854-1876). 

Sin duda, después de la revolución de independencia, uno de los movimientos que determinaron a mayor profundidad nuestra esencia como una nación moderna fue la Reforma Liberal, que no se inicia propiamente en México con el experimento que intentaron en su oportunidad Valentín Gómez Farías y José María Luis Mora. 

Tiene incluso antecedentes que nos llevan a décadas previas a la independencia de la Nueva España, cuando comenzó́ a gestarse la crisis del sistema político que conocemos como el Antiguo Régimen. 

Una vez emancipado de la metrópoli, el nuevo Estado conservó muchas de las instituciones virreinales al tiempo que intentaba construir otras nuevas. El resultado fue un constante conflicto entre el presente y el pasado. 

En vista de lo anterior, no debe sorprendernos que la primera mitad del siglo xix mexicano fuera un periodo plagado de cuartelazos, asonadas, y rebeliones, motivados por diferencias políticas, por los distintos modos de concebir y organizar la administración pública; unos en defensa de la monarquía o la república, algunos creyendo que el centralismo era el modelo más adecuado, otros por sostener que era el federalismo. 

Pero a pesar de su recurrencia, ninguno de estos movimientos había alcanzado la magnitud y trascendencia de la revolución de Ayutla. 

El Plan que le dio origen no demandaba una transformación radical; pedía simplemente instituciones liberales; ofrecía sólo una república representativa popular y rechazaba la dictadura, pero la feroz persecución de Santa Anna dio pie a la radicalización de las ideas. 

Al triunfo de la Revolución, muchas de las posturas de los liberales puros, como Francisco Zarco, Ponciano Arriaga y Melchor Ocampo, fueron las que se plasmaron en la nueva Constitución. 

El dictador logró convertir un movimiento dirigido contra un solo hombre en un movimiento revolucionario que, mediante normas jurídicas, como las leyes Juárez, Lerdo, Iglesias y Lafragua, y una constitución liberal intentaron renovar desde los cimientos la estructura política de México. 

El Plan de Tacubaya, la Guerra de Reforma, la Intervención francesa y el Segundo Imperio fueron episodios de esa misma lucha por destruir los últimos rezagos de un pasado colonial que mantenía a nuestro país con un pie anclado en el Antiguo Régimen y que impedían el nacimiento del México moderno. 

En la lectura se observa la idea del enfrentamiento constante a la hora de organizar la administración pública. ¿Crees que México pudo haber experimentado su vida independiente sin tanta violencia? 

La guerra de Independencia se dio entre 1810 y 1821. Al finalizar ésta, era necesario construir la nueva nación. 

En ese sentido, entre 1821 y 1823, ya como país libre, se estableció el Primer Imperio Mexicano. Políticos e intelectuales de la época consideraron que la mejor opción de gobierno era la monarquía constitucional. Así se dio la elección de Agustín de Iturbide como emperador. 

Ese experimento monárquico no duró mucho, ya que después de la abdicación de Agustín de Iturbide, se promulgó la Constitución de 1824 que estableció la República federal. Al frente de ésta quedó el primer presidente de México, Guadalupe Victoria, que gobernó de 1824 a 1828. 

En 1833, apareció en la escena política un personaje que con el paso de los años provocaría debate y discusión, en virtud de las decisiones tomadas al frente del poder. Se refiere al general Antonio López de Santa Anna. 

En su primera estancia a la cabeza del poder ejecutivo, gobernó bajo cierta influencia liberal, empero en su última administración, claramente devino en un dictador. 

Sin embargo, los debates y disputas en torno a lo que podría ser lo mejor para el bien nacional, provocó que, en 1836, México se erigiera otra vez como República, solo que esta vez, centralista. 

Entre 1835 y 1848, ocurrieron hechos en los que México se enfrentó con otros países: la Independencia de Texas y la anexión de ésta a Estados Unidos, la Guerra de los Pasteles y la guerra entre México y Estados Unidos de América. En estos años, claramente bélicos, hubo varios presidentes, entre ellos, Antonio López de Santa Anna. Cabe señalar además que, México sufrió en carne propia las consecuencias del expansionismo norteamericano, pues perdió poco más de la mitad de su territorio. Para entonces, México había regresado al federalismo. 

En 1855, la Rebelión de Ayutla, de principios liberales, derrotó a la dictadura de Santa Anna. La sociedad tradicional debía transformarse para lograr cambios a nivel nacional. Entre los principios liberales que entraron en juego se encontraba la separación entre la iglesia y el Estado y la necesidad de atacar el atraso en el que los mexicanos estaban hundidos, a pesar de tres décadas de vida independiente. 

En 1857 se promulgó la constitución liberal. En esta se estableció la libertad de enseñanza y de cultos, también contempló la desamortización de las propiedades, es decir, que se pusieran en venta las tierras de la Iglesia y de las comunidades indígenas a fin de hacerlas productivas. 

Todo esto provocó la llamada Guerra de Reforma o de Tres Años (1858-1861) que enfrentó a liberales y conservadores. Los primeros defendían la Constitución de 1857 por sus principios reformistas; pretendían, además, construir un Estado laico y moderno; los segundos, querían mantener sus privilegios y el poder de la iglesia. 

Observa el siguiente video: 

  1. La revolución de Ayutla

 

En 1861 los liberales obtuvieron el triunfo en la Revolución de Ayutla; empero, los conservadores no movieron el dedo del renglón; hicieron todo lo posible para establecer un gobierno monárquico. 

De 1858 a 1872, Benito Juárez, uno de los principales representantes del liberalismo, se hizo cargo de la presidencia de México. 

De 1862 a 1867 se dio la Segunda Intervención Francesa. En este contexto, de 1864 a 1867, Maximiliano de Habsburgo se convirtió en Emperador de México con el apoyo de Napoleón III y de los conservadores mexicanos. 

Al mismo tiempo, en su carácter de presidente de la república, Benito Juárez encabezó al ejército liberal y combatió al Imperio de Maximiliano. 

En 1867 los liberales derrotaron a los conservadores. Tras realizarle un juicio, Maximiliano fue fusilado. Así, con la victoria de Benito Juárez se consolidó la República federal vigente en la actualidad. 

La última parte del periodo comprende los años de 1867 a 1876. A esta etapa se le conoce como la República Restaurada. Benito Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada —quienes ocuparon la silla presidencial de 1867 a 1872 y, de 1872 a 1876, respectivamente— pudieron gobernar en diferentes contextos y desde sus particulares puntos de vista, con la constitución liberal de 1857. 

Atiende al siguiente video: 

  1. La Resistencia popular contra la invasión francesa

 

El enfrentamiento político fue una constante en el siglo XIX, lo cual influyó en la administración pública que se planificó e implementó de diversas maneras según el grupo predominante en el poder. 

Pon atención hacia el rostro social, económico y cultural del periodo 1821-1876, con el objeto de obtener un panorama general. 

De 1821 a 1876, la mayor parte de la población mexicana se dedicaba a actividades agrícolas y ganaderas, con predominio de la economía de autoconsumo. De acuerdo con estadísticas históricas, en 1820, la población se calculaba en 6,204,000 habitantes y para 1877, en 9,481,916 personas. 

En 1821, el territorio nacional tenía más de 4,500,000 de kilómetros cuadrados y se prolongaba, en el norte, hasta California, Nuevo México y Texas, mientras que en el sur llegaba hasta Centroamérica. En el transcurso de las siguientes tres décadas, el país quedó reducido a menos de la mitad de su extensión original, con motivo de la separación de América Central y Texas, la guerra de 1847 y la venta de la Mesilla en 1853. 

Las ciudades más importantes durante este periodo fueron: México, Puebla, Guanajuato, Guadalajara, Chihuahua, Monterrey, San Luis Potosí́, Zacatecas, Querétaro, Morelia, Oaxaca, Tuxtla, Veracruz, Campeche y Mérida, entre otras. Hubo numerosas poblaciones rurales: pueblos, haciendas y rancherías. La distribución poblacional por supuesto, era desigual. 

Sobre el comercio se puede destacar que se vio afectado por la presión de los intereses comerciales extranjeros y por el contrabando. Los principales productos de exportación seguían siendo como en la etapa virreinal, los metales preciosos, especialmente la plata. 

La falta de caminos y de medios de transporte terrestre eficaces obstaculizaban el intercambio de bienes y productos a nivel regional y local. 

La actividad económica de abogados, sacerdotes, médicos, arquitectos e ingenieros contrastaba con la producción manufacturera a cargo de artesanos. 

Durante el periodo analizado, el Estado mexicano contrajo deudas con instituciones financieras de Gran Bretaña, Estados Unidos, España y Francia. La administración de la deuda pública se convirtió en un verdadero problema tanto por el monto de réditos y capitales, como por la presión diplomática y la amenaza de una intervención armada. 

Las parroquias, cofradías, partidos, ayuntamientos, gremios, asociaciones mercantiles, sociedades masónicas y comunidades indígenas, que imprimieron una dinámica corporativa a la sociedad novohispana siguieron dando forma a la del siglo XIX. 

Las personas se identificaban en función de los grupos a los que pertenecían, pero también por su estatus económico y su procedencia étnica y racial. 

La mayor parte de la población se integró de mestizos; al lado de ellos convivían los indígenas, criollos, europeos y afroamericanos. Los contrastes entre riqueza y pobreza, entre hacendados y peones, entre aristócratas, clases medias y léperos, eran más que evidentes. El clero secular y regular, el ejército, las milicias cívicas, los comerciantes, los terratenientes, los grupos financieros y los miembros de la clase política dominaban al resto de la sociedad. 

Al igual que en el Virreinato, durante el México independiente la Iglesia católica aun ejercía un control de primer orden sobre las conciencias, la filosofía, el arte, la economía, la vida cotidiana y el poder político. 

En suma, la manera en que se fue desarrollando la vida económica, social y cultural del México independiente, fue decisiva para que, en la segunda mitad del siglo XIX, los liberales cuestionaran tanto el orden de cosas general, como la preponderancia religiosa y, más aun, visualizaran y concretaran la posibilidad de transformar su entorno en una sociedad moderna y liberal, tal como se estaba dando en otras naciones. 

Para conocer más sobre la vida de la población en el siglo XIX observa y escucha el siguiente video. 

  1. Caminos y pueblos que voy pasando

 

Las primeras décadas de vida independiente de México, reflejan una verdadera complejidad que queda de relieve al analizar las permanencias políticas, económicas, sociales y culturales de la tradición virreinal, de cara a los cambios de la modernidad buscada con la práctica del liberalismo. 

Hubo visiones encontradas acerca de lo que tenía que ser México después de que logró independizarse de España: desde la monarquía constitucional, hasta la república federal, la república central, o la dictadura. 

Si era tan complicado llegar a un acuerdo en lo político, ya te puedes imaginar que la situación en los ámbitos económico y social no era nada alentadora, sobre todo en medio de continuos trastornos militares e intervenciones extranjeras, que tuvieron lugar a lo largo y ancho del territorio mexicano desde 1821 en que se conformó el Primer Imperio Mexicano al frente de Agustín de Iturbide hasta 1876, año en que la Restauración de la República, daría paso al Porfiriato, otro periodo de nuestra historia, cuyo desarrollo se verá más adelante.

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