10 leyendas del estado de Yucatán y la cultura maya

10 leyendas del estado de Yucatán y la cultura maya

Yucatán tiene una gran cantidad de leyendas basadas en su cultura y tradiciones. Origen de lugares y personajes místicos.
Leyendas de Yucatán
Leyendas de Yucatán
Héctor Ledezma - UN1ÓN Yucatán | 29/09/2020 12:00

Yucatán como muchos estados de México, cuenta con muchas leyendas que le dan identidad.

Las hay de amor, de terror y de muchos otros temas.

10 leyendas yucatecas

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Xtakumbil Xuunaán

Xtakumbil Xuunaán (el agua), hermosa y gentil doncella, hija del terrible Cháak (el rayo) y de la bella y dulce Zamná (rocío del cielo), fue requerida de amores por el joven apuesto y gallardo Tutul Xiu (el hombre).

No estando conforme Zamná con estas relaciones obligó a su hija Xtakumbil Xuunáan a sustraerse a las miradas de su pretendiente, y al efecto, le buscó un escondite en las profundidades de la tierra.

Triste y desolada, Xtakumbil Xuunáan tuvo que ir a ocultar su singular belleza en un profundo abismo sin luz, abierto entre las duras rocas, a más de trescientas brazadas de profundidad, a donde no pueden llegar ni los rayos del sol, ni el más ligero rumor de la vida terrenal.

Por qué adoraban los mayas a la serpiente

Yuum K’iin Kili’ich K’áak’ (Gran sacerdote, Fuego Sagrado) bajaba del castillo principal de Chichén Itzá, una mañana acompañado de su hijo Htuukul (pensamiento celeste) a donde había sido llamado por el Rey Koh Kitam (diente de jabalí). 

En el descenso de la escalera que mira al poniente, (del castillo) que estaba rodeado por el gimnasio, a casa del adivino, la del escultor del reino y el paseo imperial, entabló con su hijo una conversación en la que le daba a conocer el objeto de la llamada del rey, señor suyo.

Desea el rey que le diga yo de dónde proceden los primeros pobladores de Yucatán, los que levantaron los primeros cimientos de esta ciudad, que su abuela Xki’ichpan xPéet Há (la bella laguna) le contó que los primeros hombres que asomaron y fundaron Chichén Itzá vinieron del poniente: pero que el gran sacerdote Noh Eek’ (Gran lucero) que regía los conventos hace diez o doce ahuanes, dejó escrito un libro en el que habla de la aparición de los primeros hombres de estas tierras. 

Tengo para mí que dice bien: voy a registrar la vida sagrada y a saber si el tal sacerdote escribió algo y si resulta verdad la existencia de tal libro, de mucho me servirá para fundar mis teorías sobre la aparición del hombre en Yucatán, porque has de saber, querido Htuukul que estoy escribiendo la historia de Chichén, de sus reyes, de sus sacerdotes y de sus guerreros, y no sería ocioso principiar por los primeros pobladores de Yucatán.

La resurrección del Mayapán

No quedará piedra sobre piedra. San Mateo

¡Antigua ciudad de Mayapán, mis ojos no contemplaron sus alcanzares soberbios, residencia de los señores absolutos de esta tierra! ¡Capital del antiguo imperio de los mayas, emporio de su nobleza, privilegiado recinto, mi imaginación se xtadia, soñando en tus muchas veces secular historial! ¡Estancia del pueblo rey de la península, de “la bandera de los mayas”, mi espíritu se eleva pensando en que está vinculada a tu grandeza la celebridad de la Itzalana tierra, y se contrista, observando que al finalizar tu poder absoluto, se acentúa su ruina!

¡Qué maldición pesó sobre ti y la potente raza de tus pobladores, que el tiempo abatía y la miseria arrasaba desde antes del advenimiento de tus conquistadores?.

La maldición

La metrópoli meridana se ensancha. En el lugar que ocuparon los antiguos edificios de la ciudad de Thó, se levantan hoy los templos cristianos y las opulentas casas de los castellanos. 

En lugar de la antigua plaza que daba acceso a los templos para sacrificios se encuentra la nueva plaza principal dominada por la soberbia casa de Montejo. 

En lugar de traficar por las calles los guerreros semidesnudos y los caciques conducidos en hombros por fuertes mozos, se pasean hoy los hombres de espada y coraza y los jinetes cubiertos de hierro montados en briosos caballos.

Flor de sangre

La hora fatal, padecida hacía mucho tiempo en las páginas de los analte’o’ob sagrados, donde con mano convulsa escribieron sus profecías los chilames.

Habían llegado los hombres de blanca tez, habían venido de allá, de muy lejos, en sus buques maravillosos, llevando por delante un signo extraño que llamaban la Cruz y esparciendo en derredor la muerte con sus armas terribles que lanzaban el rayo, a conquistar la tierra de la que fueron los mayas, los únicos señores.

Ah K’iin Xook

Se había dado cuenta de todo: la lucha titánica que sostuvieron los hombres mayas con los conquistadores hispanos en la cual, su padre fue muerto por un arcabucero, mas éste tampoco pudo sobrevivir del certero golpe de lanza que recibiera en pleno corazón. 

Ah K’iin Xook, apenas salía de su adolescencia, pero pudo observar el cambio que se esperaba en la gran Yukalpeten, sobre todo en su amado Ichka’ansiho’.

La Xtabay

Extranjero, hijo extraviado del Mayab, que no habéis olvidado las viejas tradiciones de nuestros padres, que camináis en los senderos solitarios de esta tierra misteriosa; es a vos a quienes me dirijo para que si alguna vez sois arrebatados por espíritu de misterio, no digáis que no sabías y que por egoísmo no os lo dijeron. 

Voy pues a relataros brevemente lo que os puede aconteceros mientras vivís en esta tierra santa.

Sin duda habéis oído hablar del pájaro maléfico del infierno y de la muerte que viene de la caverna de la vieja hechicera en la oscuridad de la noche, y canta nueve veces sobre la choza del indio a quien anuncia la muerte, para volver al noveno día y llevar entre sus garras el alma del infeliz que no supo clamar a sus dioses.

El Tecolote

Aquel pueblecillo del cacicazgo de Cupul, lo formaban unas cuantas casuchas que en torno del adoratorio o “Kuh”, parecían vistas de lejos, formar círculos concéntricos.

Rodeaban al pueblo, campos con árboles corpulentos, al pie de los cuales había varios cenotes, como si con la diafanidad de sus aguas quisieran demostrar a los lugareños lo fácil que sería rodearse de árboles frutales para la vida de sus moradores.

El enano de Uxmal

Cuentan que en un pueblo cercano a la gran ciudad de Uxmal, vivía una vieja hechicera, sola, sin hijos, y que deseaba ardientemente tener uno, para que alegrara con sus risas infantiles su pobre choza.

Cierto día, en su desesperación, tomó un huevo de gallina, lo envolvió en un paño y guardándolo en un rincón de la casa, esperó los resultados. 

El número de días que pasaron no llegó a contarlos, pero ¡Cuál no sería su sorpresa al notar que de aquel huevo había “nacido” un niño...! La vieja se hizo cargo de su crecimiento y educación, como si fuera su nieto; pero aquella extraña criatura, al cumplir los diez años, dejó de crecer, quedando corto de estatura.

El hechizado

La perra estaba dando la batalla al cerdo. En el patio de la casita de paja bajo el ramaje frondoso de un aguacate. Paula arrodillada en tierra rasa molía maíz apresuradamente. El día se precipitaba y era menester acabar las tortillas para Colax que estaba por volver del chapeo.

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