Leyendas del estado de Yucatán

Leyendas del estado de Yucatán

Las leyendas de Yucatán incluyen seres misteriosos y a sus dioses, como Chaac, el señor de la lluvia.
Redacción | UNIÓN | 27/05/2020 07:00

Yucatán es uno de los estados con más historias y leyendas, muchas de ellas mayas.

Hacemos una recopilación de algunas de las leyendas de Yucatán.

VER: ¿Qué es una leyenda y cuáles son sus características?

Tzukán

De todas las serpientes que habitaban la Tierra, Tzukán, protectora de grutas y cenotes, era única por su gran tamaño y misticismo.

Durante la primera sequía del imperio maya, hace miles de años, se le encomendó a Chaac, Señor de la Lluvia, recoger el agua del subsuelo y llevarla al resto del imperio maya. Chaac montó una bestia alada y buscó el precioso líquido por todas partes, pero los lagos, ríos y cenotes estaban secos. ¿Dónde estaba el agua?

Fatigado por la búsqueda, el Señor de la Lluvia decidió descansar un poco y se sentó sobre un tronco, pero este comenzó a moverse. 

La deidad y su animal se espantaron al ver que no se trataba de un pedazo de madera, sino del cuerpo de una enorme serpiente. Hambriento, el reptil abrió las fauces y de un sólo bocado devoró a la bestia alada de Chaac antes de que pudiera emprender el vuelo.

El Señor de la Lluvia, iracundo, trepó por el dorso de la serpiente y la azotó con su látigo.

—Ahora tú serás mi montura por haberte comido a mi animal —dijo Chaac.

De pronto, a la serpiente le comenzó a brotar una crin del cuello, de la cual el jinete se sujetó.

—¿Y tú quién eres para azotarme? —dijo enfurecida la enorme serpiente Tzukán.

—Soy Chaac, el Señor de la Lluvia, y ahora también tu señor. Me llevarás al mar para traer agua a los cenotes que están vacíos, porque seguramente tú te la acabaste.

Tzukán, aún más enojada, se retorció violentamente para sacudirse a Chaac de encima, pero lo único que consiguió fue que se le inflamaran las crines. Repentinamente, en los costados de su cuerpo aparecieron unas enormes alas que la elevaron y se dirigió al mar.

Al llegar a aquel enorme cuerpo de agua esmeralda, Chaac llenó cientos de vasijas y las ató al lomo de Tzukán. La serpiente estaba asombrada: era la primera vez que veía el mar.

—No volveré a las grutas —dijo Tzukán—. Me quedaré en el mar, aquí tengo mucho espacio y puedo ir a donde quiera.

—Primero debes terminar tu misión —contestó Chaac.

—¿Qué misión? —replicó Tzukán.

—Tú vas a encargarte de vigilar los cenotes y cavernas y jamás habrá de faltarles agua. Serás la guardiana del agua y sólo cuando seas anciana te permitiré regresar al mar —dijo Chaac, quien engañó a la serpiente porque sabía que Tzukán rejuvenecería eternamente.

De regreso hacia los cenotes, Tzukán derribó a Chaac con un chicoteo de su cuerpo, pero el Señor de la Lluvia agitó su látigo y provocó un trueno que mató de inmediato a la serpiente y la convirtió en miles de gotas de agua que cayeron sobre la tierra.

Los ríos, cuevas y cenotes se volvieron a llenar de agua. Lentamente, en el fondo de una gruta, las gotas de agua se condensaron hasta tomar la forma de la serpiente que creció y de nuevo le salieron alas. Tzukán abandonó su refugio para dirigirse al mar, pero en su camino se encontró a Chaac, quien le lanzó una potente ráfaga de viento y el reptil se transformó en lluvia una vez más.

Aunque la serpiente con crines y alas siempre quiso regresar al mar, quedó condenada, con su eterna muerte y reencarnación, a siempre mantener con agua los cenotes, grutas y ríos de Yucatán.

Con información de Conagua

Leyenda maya

En la selva de Quintana Roo se cuenta la leyenda de dos príncipes guerreros mayas, los hermanos Kinich y Tizic que poseían fuerza y habilidades extraordinarias.

El menor, Kinich, era gentil, bondadoso y amado por todos, mientras que Tizic, el mayor, era arrogante y despiadado.

En el mundo dualista de los mayas, que parte del principio del bien y el mal, Kinich representaba los poderes de la naturaleza para el bien y Tizic atraía el dolor y el mal.

Ambos se enamoraron de la hermosa Nicté-Ha y dispuestos a competir por su amor se declararon un duelo a muerte. Tras una sangrienta batalla ambos hermanos perecieron.

Ya en el inframundo suplicaron perdón a los dioses y una oportunidad para regresar al mundo de los vivos y ver a Nicté-Ha por última vez.

Los dioses mayas, conmovidos por la tragedia, les concedieron volver a la tierra, la condición fue que debían estar juntos.

Tizic renació como chechén (Metopium brownei), árbol urticante cuya resina provoca quemaduras y llagas en la piel, incluso la sombra o el rocío puede afectar a personas muy sensibles.

Kinich se convirtió en chacá (Bursera simaruba), árbol cuyo néctar es capaz de aliviar lo provocado por el chechén, es el antídoto.

En la selva donde se encuentra un chechén habrá cerca un chacá, es el equilibrio de la naturaleza.

“Estas leyendas o cuentos son parte de los consejos que nos forman, nos educan y nos enseñan a respetar la naturaleza”, dijo Gregorio Canchén, habitante de Felipe Carrillo Puerto, Quintana Roo.

Actualmente ambos árboles se utilizan en la medicina tradicional maya. El chacá tiene alto valor ornamental y el chechén es considerado madera preciosa que se utiliza para fabricar muebles finos.

El Enano de Uxmal

En la aldea de Kabán vivía una vieja con fama de bruja. Cierta vez encontró un huevo pequeñito y llena de alegría lo guardó en un sitio tibio y oscuro. 

Todos los días lo sacaba para contemplarlo y acariciarlo. Y sucedió que después de varias semanas, el huevo se abrió y nació un niño. 

La bruja lo arrulló, pero como no podía alimentarlo buscó una mujer recién parida. Vino la mujer y amamantó al niño como si fuera su propio hijo. Al ver tanta ternura la bruja le dijo:

— De hoy en adelante tú serás la madre y yo seré la abuela.

El niño creció un palmo y no más y, en poco tiempo, cambió de aspecto; tuvo barba y se le hizo grande la nariz. Era, pues, un enano.

Cuando la bruja se dio cuenta de esto, quiso más a la criatura.

Como la mayor parte del tiempo la bruja permanecía junto al fogón, el enano sospechó que algún misterio guardaba aquel sitio y así se propuso averiguarlo. 

En un descuido de la bruja, hurgó en la cenizas y tropezó con un tunkul (instrumento de percusión hecho con un tronco hueco). En cuanto lo tuvo en sus manos, lo golpeó y su sonido se oyó a mucha distancia. Al oír tal ruido, la bruja vino, se acercó a su nieto y le dijo:

— Lo que has hecho ya no tiene remedio. Pero te digo que no pasará mucho tiempo sin que sucedan cosas que llenarán de espanto a la gente y tú mismo te verás envuelto en sus consecuencias.

El enano contestó:

— Yo no soy viejo y las veré.

La bruja replicó:

— Yo soy vieja y las veré también.

El rey de Uxmal y sus consejeros sabían que el ruido de aquel tunkul anunciaba el fin del reinado; pero éstos, por no afligir a su señor, le dijeron:

— Lucha contra tu destino

— ¿Cómo? —preguntó el rey.

— Busca al que tocó el tunkul; acaso de sus labios oigas la verdad que necesitas.

El rey ordenó que sus guardias salieran en busca del que tocó el tunkul; y después de mucho andar, lo hallaron y lo trajeron al palacio. Al ver al enano el rey le dijo:

— ¿Qué anuncia el ruido de ese tunkul?

— Tú lo sabes mejor que yo —contestó el enano.

— ¿Me puedo librar de que se cumpla la profecía? — preguntó el rey.

— Manda hacer un camino que vaya de Uxmal a Kabán y cuando esté listo volveré y entonces te daré mi respuesta —dijo el enano.

El camino quedó hecho en poco tiempo y por él vinieron el enano y la bruja. Entonces el rey preguntó al enano:

— ¿Cuál es tu respuesta?

— La sabrás si resistes la prueba que te pondré.

— ¿Cuál es?

— Que en tu cabeza y la mía se rompa un cocoyol (fruto de hueso muy duro).

— Está bien, pero tú sufrirás la primera prueba —dijo el rey

— Acepto, si así lo deseas.

Se acercó el verdugo y colocó sobre la cabeza del enano un cocoyol y descargó un golpe . El enano sacudió la melena y se levantó sonriendo. Entonces el rey, en el silencio, se quitó el manto y subió al cadalso y el verdugo le colocó un cocoyol en la cabeza. Al primer golpe el rey quedó muerto.

En el acto el enano fue proclamado rey de Uxmal y ese mismo día la bruja lo llamó y le dijo:

— Ya eres rey. Sólo esto esperaba para morir. No me llores porque mi muerte no es cosa de dolor. Cumple con la justicia que aprendiste de mí. Oye el consejo de todos y sigue el mejor. No le tengas miedo a la verdad aunque sea amarga. Sé antes benigno que justo. Destierra de tu corazón la venganza. Acata la voz de los dioses pero no seas sordo a la de los hombres. No desdeñes a los humildes y no te confíes, ciego, en los poderosos.

Por un tiempo el enano siguió los consejos de la bruja y la felicidad se extendió por el reino. Pero con los años cambió de espíritu, cometió injusticias, se volvió tirano y tanto creció su orgullo que un día dijo a sus consejeros:

— Haré un dios más poderoso que todos los dioses que nos rigen.

Y en seguida mandó hacer una estatua de barro y la puso sobre una hoguera y con el fuego se endureció y vibró como si fuera campana.

Entonces el pueblo creyó que la estatua hablaba y la adoró. Por esta herejía, los dioses destruyeron Uxmal.

El perro y Kaskabal

Kakasbal: Mala cosa. Ente maligno de gran estatura, con muchos pies y brazos, muy peludo, que en ciertas noches vagaba por los campos destrozando plantas y animales, devorando hombres y bebiendo sangre de niños.

Un hombre era tan pobre que siempre estaba de mal humor y así no perdía la ocasión de maltratar a un infeliz perro que tenía. Kakasbal que está en todo, vio que podía sacar partido de la inquina que seguramente el perro sentía contra su amo y así se le apareció y le dijo:

- Ven acá y dime qué te pasa, pues te veo triste.

- Cómo no he de estarlo?, si mi amo me pega cada vez que quiere- respondió el perro.

- Yo sé que es de malos sentimientos. ¿Porqué no lo abandonas?.

- Es mi amo y debo serle fiel.

- Yo podría ayudarte a escapar.

- Por nada lo dejaré.

- Nunca agradecerá tu fidelidad.

- No importa, le seré fiel.

Pero tanto insistió Kakasbal que el perro, por quitárselo de encima, le dijo:

- Creo que me has convencido; ¿dime qué debo hacer?

- Entrégame tu alma.

- ¿y qué me darás en cambio?

- Lo que quieras.

- Dame un hueso por cada pelo de mi cuerpo.

- Acepto.

- Cuenta, pues...

Y Kakasbal se puso a contar los pelos del perro; pero cuando sus dedos llegaban a la cola, éste se acordó de la fidelidad que debía a su amo y pegó un salto y la cuenta se perdió.

- ¿porqué te mueves?- le preguntó Kakasbal.

- No puedo con las pulgas que me comen día y noche. Vuelve a empezar.

Cien veces Kakasbal empezó la cuenta y cien veces tuvo que interrumpirla porque el perro saltaba.

Al fin Kakasbal dijo:

- No cuento más. Me has engañado; pero me has dado una lección. Ahora sé que es más fácil comprar el alma de un hombre que el alma de un perro.

Con información del Ayuntamiento de Mérida.

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